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 En compañía de la luz.

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Galafor Belfort
Templario
Cantidad de envíos : 58
Fecha de inscripción : 01/04/2011
Edad : 26
Localización : Por el mundo

Hoja del Personaje
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Raza: HUMANOS
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MensajeTema: En compañía de la luz.    Miér Jul 30, 2014 8:04 pm

El enorme edificio se levantaba imponente en medio de aquella urbe. La fachada mostraba los detalles que muchos grandes hombres de bien y de mal habían admirado antes de adentrarse en aquella catedral de vasto conocimiento oculto y a la vista del público. Era una construcción digna de contener todo aquello que prometían las historias que había escuchado Galafor de su maestro. Mucha gente pasaba en frente de aquel lugar y lo ignoraba, algo que al caballero de blanca armadura le provocaba estupor. ¿Como era posible que no se frenaran en su ir y venir al menos un par de minutos a contemplar aquel lugar tan maravilloso?

La ciudad en la que estaba emplazada aquel excelso lugar desde luego no tenía nada que ver con el pequeño pueblo del que procedía aquel sencillo y humilde servidor de la palabra recta y los buenos principios de caballería. No se imaginaba como todo el bullicio producto del progreso del ser humano quedaría opacado entre aquellas paredes rebosantes de datos históricos, alquímicos, de historias centenarias o milenarias en pergaminos quebradizos y que exigieran una restauración inmediata. Galafor sentía la emoción de un amante que se reencuentra con su amada por primera vez en mucho tiempo aunque para él era una experiencia nueva. 

Galafor entró en aquel lugar en el que el silencio se hizo absoluto. Parecía cosa de magia; de la puerta hacia fuera se escuchaba todo el gentío, los carromatos y los animales, el anuncio a voz en grito de las mercancías. De puertas para dentro todo era un calmado silencio que invitaba incluso a reflexionar sobre los aspectos mas profundos de la vida. Y se apreciaba notablemente el poder de la sabiduría impregnado en aquel lugar. Con un respeto rayano en los reverencial comenzó a pasear entre las estanterías.
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Alata Lacourt
Humanum
Cantidad de envíos : 8
Fecha de inscripción : 12/04/2011
MensajeTema: Re: En compañía de la luz.    Miér Ago 13, 2014 5:27 pm

Un bostezo seguido de otro, momentos previos a levantarme de la cama. Las noches se estaban convirtiendo en una especie de sueños intermitentes entre cosas agradables y otras por el contrario bastante perturbadoras. Me cuesta trabajo abrir del todo los ojos aún, y a juzgar por la luz que se filtra tenuemente por las cortinas, debo suponer que me he despertado un poco antes de lo esperado. “Es mejor despertar cuando se sueña así”. Es lo que suelo pensar ante las pesadillas, o bien, en cuestiones de sueños indescifrables que alteran la razón y la lógica de una manera tan profunda y sutil que no se puede evitar sentirse en una especie de limbo. Trato de no pensar en eso, aferrando con cariño la mano de mi hermano que rodea mi brazo. Una sonrisa impregnada de ternura invade mi rostro como es costumbre cuando me siento en compañía de ese grupo de latosos hermanos que tengo. Es curioso pensar que ellos duermen conmigo haciendo ronda de turnos cada noche, para que ellos duerman tranquilos, cuando soy yo la que tiene las pesadillas. A veces me pregunto si al soñar esas cosas en realidad estoy evitando que ellos sean quienes las padezcan. De ser así, yo encantada continuaría por el resto de mi vida haciendo dicha labor. Retiro con cuidado la mano de Leria y veo la forma en que se reacomoda. Seguramente dormirá hasta después de haberme ido a la biblioteca.

El desayuno estuvo conformado de delicioso pan hecho por mi madre. Es incluso muy complejo describir algo que te gusta tanto… sencillamente se degusta y ya. Un poco de té hecho con una brillante hoja carmesí del árbol de la abundancia como le llaman. Se dice que con tan sólo beber una exigua cantidad de éste, ya proporciona la energía suficiente para rendir en las actividades del día. Así pues salgo de casa con una sonrisa, pero con la mente en los sueños tan extraños del día.
Al llegar a la biblioteca, me encuentro con una nota en la que se me notifica que seré la encargada absoluta del lugar.

-¿Y luego? –me pregunto sosteniendo el aviso en mi mano con un gesto incrédulo. Antes de entrar a la biblioteca, hago lo que pocas veces: miro en todas direcciones con la esperanza de que cierto grupo de pequeños seres curiosos y algo revoltosos, no anden en las cercanías. De lo contrario, la tarea de atender todo sola se volvería un verdadero caos.

El día avanza con la habitual serenidad acostumbrada. Un grupo de niños viene a que les cuente historias breves antes de ir a tomar su descanso o siesta del medio día, como se acostumbra en regiones aledañas. En esta ocasión quisieron escuchar un poco más sobre la mujer de los ojos que cambian de color y que es mitad elfo mitad humano. Parece fascinarles la forma en que ella puede moverse a través de las sombras. Pero lo que más le gusta a los niños, y adultos en ocasiones, es que todo relato que yo cuento no está escrito en ninguna de las miles de páginas que habitan este enorme recinto. Sino que forman parte de la vida real de seres que habitan alguna región de nuestro campo de existencia. Esa es la razón por la cual, a los adultos no les gusta escucharlas. Temen a la verdad y prefieren quedarse con las historias de fantasía.

Una vez que los pequeños han regresado a sus casas, me estiro para despejar la mente. Completamente sola con los libros, me acomodo plácidamente en una mesa dentro del área de consulta especializada. Desde algunos días antes me había dado a la tarea de investigar sobre los cuervos. Entonces descubrí que el tipo de augurio era dependiendo del color de sus ojos. Últimamente los encontraba en los sueños y de ahí la curiosidad que se despertó en mi fuero interno. En algún momento de la lectura me había quedado dormida, soñando con estar en una habitación totalmente compuesta por enormes ventanales y que daban la impresión de estar en una cúpula. Dentro del sueño escuchaba pasos firmes y resonantes pero a pesar de ser un espacio muy amplio, no había manera de que alguien estuviera caminando por ahí sin que pudiera verlo. El sonido de aquellos pasos eran cada vez más cercanos a mi posición y entonces los latidos de mi corazón parecían haberse sincronizado con aquellas huellas de sonido. De pronto abrí los ojos y me encontré con que en efecto, alguien caminaba entre los estantes cercanos, y mientras me levantaba para dar el saludo con respectiva bienvenida, un cuervo de ojos amarillos se posó sobre el libro que minutos antes yo leía.


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Galafor Belfort
Templario
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Localización : Por el mundo

Hoja del Personaje
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MensajeTema: Re: En compañía de la luz.    Jue Ago 14, 2014 1:41 am

Lo que ya de por sí resultaba impresionante en el exterior de aquel lugar, en el interior sin duda quedaba mucho por mostrar. La luz de la mañana entraba por las ventanas que se situaban en lo alto para no quitar espacio a las estanterías repletas de conocimientos, narraciones, poemas, maldades, bondades, obscenidades e historia, alquimia, ciencia, magia. Galafor paseaba entre las estanterías mientras dejaba que dicha luz del sol se filtrara y las lámparas dejaran de cobrar protagonismo a la vez que el amanecer llegaba a los dominios de tan bella ciudad. De los principios básicos de cualquier disciplina hasta conocimientos ocultos y secretos muy avanzados podrían encontrarse en ese laberinto de estantes. Los altos gigantes rebosantes de lecciones y sugerentes ideas para la vida se dejaban hacer por los pocos asistentes a ese lugar a tan tempranas horas del día. El caballero no cabía en sí de asombro. Todo lo que había escuchado de labios de su maestro era poco. Con deleite miraba los títulos de algunos libros que parecían tener varios siglos. Los grandes autores se entremezclaban en un gesto democrático con los de menos fama pero no por ello menos valiosos. 

Todo en su pueblo natal era poco en realidad. No era grande ni pequeño, no había dado a caballeros o damas especialmente destacadas aunque la bondad de sus gentes era probada por cada pequeña caravana comercial que llegaba. a los buenos hombres siempre se les recibía con sonrisas mientras que la inabarcable memoria colectiva rural ponía una marca, muy raras veces, a aquellos que ofendían de forma grave los básicos y educados principios de la cortesía en el humilde Lanz Bloc. Todo el saber que había recibido Galafor había sido de boca de su antiguo maestro, un hombre mayor que le dio la bendición cuando partió a la aventura del conocimiento y de todo caballero. A su memoria acudía las palabras de aquel tutor que junto a sus padres lo habían criado como mejor pudieron: "es un laberinto en el que no hay miedo a perderse. Cualquier angustia por no saber la referencia del regreso a casa deja de existir si te dejas imbuir de cientos de miles de lecciones que ahí habitan". Y su profesor, amigo, confesor, como siempre, no mentía.

De pronto Galafor se vio interrumpido por el sonido de muchos niños que entraron en tromba aunque con bastante discreción para lo que un grupo de infantes supone y se arremolinaron alrededor de la señorita que parecía lidiar con los quehaceres en aquel lugar rebosante de conocimiento. La curiosidad lo invadió pues ciertamente no era algo que fuera de la mano en la vida diaria: niños entrando en un lugar donde pocas diversiones directas existen que no sean los libros. Y los niños por lo general son eso, niños, no vienen a aprender sobre herboristería, sino mas bien a tirar del cabello a las chicas que les gusta, como el caballero nunca se atrevió hacer. La chavalada estaba reunida y miraban absortos y escuchaban atentos a la damisela que narraba una historia de matices sumamente mágicos. Se acercó discretamente para escuchar mejor. Su forma de expresarse y la dulzura con que lo hacía la diferenciaba de forma drástica del personaje sobre el que versaba aquella narración. Los muchachos se quedaban absorbidos por la voz y los ojos azules de aquella señorita. Y Galafor no se quedó indiferente. Esa mujer...¿que mujer? esa dama, irradiaba bondad por los poros.

Al terminar la historia, la infantil muchedumbre se fue por donde vino siendo despedidos por una sonrisa que derretía el hielo mas frío y apagaba el fuego de todas las iras del mundo. Galafor tardó un rato y esconderse tras las estanterías y mirar entre los libros. No sabía por donde empezar a buscar. había mucho sobre lo que debía de aprender. Muchos de los conocimientos que atesoraba su cabeza eran conocimientos básico y medios, algunos pocos avanzados para lo que era realmente importante: curara una persona o prevenir un derrumbamiento, pero en otras tantas cosas apenas guardaba un atisbo de sapiencia con respecto a... a muchas cosas en realidad. Y vio la oportunidad de acercarse a la señorita, que se había quedado dormida. Sin duda no era mucho el movimiento a esas horas de la mañana. 

Se encaminó hacia ella dispuesto a despertarla de la forma mas educada y cuidadosa posible cuando esta abrió los ojos de pronto y se produjo ese momento de debate interior entre ir o no ir. Parecía que iba a decidirse a saludar aquella dama al caballero cuando de pronto hizo su entrada en escena un visitante inesperado, mas que el recientemente autonombrado caballero en aquellas estancias. Un cuervo se posó sobre un libro que antes pareció atrapar la atención de la damisela, causante sin duda de un gran revuelo de plumas de luz en el interior de Galafor. Pronto era para hablar pero la impresión causada no se podía evitar. Se quedó quieto el caballero y miró al cuervo, alternando la mirada entre este y la dama de sonrisa blanca y ojos azules. 

-Yo encantado daría una lección de zoología si tan apuesto animal se dejara agarrar y la dama estuviera dispuesta a escucharme... aunque no lo considero un lugar adecuado.-Dijo a modo de rotura del hielo inicial. ya hasta se permitió una sonrisa.
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Alata Lacourt
Humanum
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MensajeTema: Re: En compañía de la luz.    Jue Ago 14, 2014 2:13 pm

Lo observaba muy fijamente, casi como si dentro de mi mente algo estuviera tratando de retar al cuervo. El plumaje majestuosamente negro, se mostraba brillante ante la iluminación que nos brindaba el Sol a través de los vitrales y ventanas. Aquellos ojos eran de un color ambarino que yo jamás había visto, y vaya que tenía la oportunidad de disfrutar de una amplia gama de tonos amarillos.  Era extraño. Mientras más le observaba mayor sentía que era el tono amarillo a mí alrededor, como si aquellos ojos pequeños pero intensos se fuesen expandiendo a partes sobre todo el ambiente, abarcando lentamente todo cuanto existiera.

-El ámbar de tus ojos es la señal de la transformación… como el calor que abriga a quien tiene frío, como el fuego lento que puede transformar la materia… como… -me quedé pensando en lo último que recordaba sobre el dato de la criatura en específico.

-… como la advertencia antes del fin –logré decir pero a un mismo tiempo, mi expresión era más seria y pensativa que nunca.

Tenía la intensión de sentarme de nuevo con la esperanza de poder observarlo más de cerca, si es que no le causaba alguna especie de sobresalto. Pero en ese momento una voz me sacó de todo pensamiento y pretensiones, llevándome a mirar en su dirección. El susto que me dio el notarme en compañía me lo guardé, pues no suelo demostrar señales corporales cuando me toman por sorpresa, es algo así como “espantarse por dentro” en palabras de mi difunta abuela por la familia de mi padre. “¡Ah, claro!  Es la persona que caminaba por aquí antes de que tú señor cuervo me interrumpieras en el saludo” pensé mientras daba una última mirada al cuervo.

-Bienvenido, caballero –hice una clásica y educada inclinación de cabeza a modo de saludo cortés

Ante mis acciones el animal se movió de lugar, volando a lo alto de un estante desde donde solamente profirió un graznido para luego mantenerse cómodamente observándonos.
-¿Le parece apuesto? –le pregunté con una sonrisa. –Es usted un respetuoso de otras entidades en el mundo supongo –elevé la mirada hasta donde se encontraba nuestro peculiar tema de conversación. –Yo lo veo engañoso, los cuervos pueden ser apuestos pero son engañosos. Aunque en realidad eso aplica para absolutamente todas las especies, desde mi punto de vista -salí de mi lugar para acercarme un poco más al visitante.

-Gracias por el ofrecimiento sobre la lección de zoología, sin embargo primero permítame darle la bienvenida, ya que me parece que no le había visto por aquí antes –resolví decir con una sonrisa amable como es parte de mi personalidad.

-Esta es la famosa Biblioteca de Hisperia, un lugar que no solamente se compone de una amplia gama de títulos sino que además, es considerado un recinto cuasi-sagrado. Esto debido a que las personas que residimos en Hisperia, atesoramos el conocimiento como una fuente de progreso, de infalible evolución así como una reliquia que debe ser heredada de generación en generación.

-Por aquí –comienzo a caminar para darle un pequeño y sencillo recorrido –se encuentra lo que denominamos sala de consulta especializada. Esto hace referencia a todo acervo cultural que sea total y completamente específico de un tema. Ya que la biblioteca se divide en general, por su contenido, en tres grandes áreas. La consulta general, es a la que toda persona tiene acceso, y cuyos temas van desde lo más básico como historia o relatos hasta cuestiones de gastronomía. Posteriormente se encuentra ésta área especializada, en la que usted puede buscar sobre alguna raza en específico, alguna especie de grupo con creencias particulares o plantas medicinales, por dar algunos ejemplos. Y finalmente… -le encamino hacia el pedestal donde se encuentra el famoso libro en páginas blancas –este grueso libro en páginas blancas, es lo que conocemos como área de lo oculto… aquí puede usted ver que hay páginas en blanco. En realidad son páginas que contienen datos sobre personas que conocen sobre cosas a las que no cualquiera debe tener acceso, pero que en caso de emergencia puede ser necesario. Sin embargo requiere de un permiso especial para que pueda contactar a estos especialistas, ya que por razones de seguridad y de la paz en general, es mejor mantener su identidad oculta –le dedico una sonrisa para luego llevarlo justo al centro de la biblioteca.

-Este lugar es famoso por su contenido pero también por su estructura. Fue construido con mármol traído por elfos, por lo que su brillo es especial así como su fortaleza. Las pinturas nos muestran lugares más allá de Hisperia, para no olvidar que hay siempre más de lo que nuestra vista puede abarcar –esta vez sonrío para mí, al tiempo que veo una de mis pinturas favoritas.

-Disculpe, ni siquiera le he dado mi nombre. Soy Alata Lacourt una de las encargadas de este lugar, en caso de que necesite algo no dude en decirme –de nuevo hago media reverencia.

-Y si no es una molestia, ¿puedo saber por qué considera inadecuado este lugar para hablarme sobre cuervos?


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Galafor Belfort
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MensajeTema: Re: En compañía de la luz.    Jue Ago 14, 2014 8:27 pm

Los signos de toda extrañeza ante la situación embargaban al caballero, que los disimulaba discretamente fruto de unas cuantas lecciones de compostura dadas un verano, mientras observaba el pequeño soliloquio que la dama de rubios cabellos y luminosa mirada estaba ejecutando en ese momento. Sin duda desconocía todos los entramados de la personalidad de lo que parecía ser una dama con clase y una educación refinada que había sido criada en los principios de la humildad pero también quien sabe que otros hechizos o artes secretas. Todo lo referente a los ojos de los cuervos desde luego distaba mucho de lo que plantearía un manual básico de ornitología. Había mucho mas en aquellas palabras. Algo que el caballero quizás no comprendía del todo, indicación de que debía de ampliar sus conocimientos en eso. Ayudar a conocer y conocer para ayudar era su deber.

El caballero lo desconocía pero quizá era habitual que las diversas creaciones de la madre natura se presentaran tranquilamente entre aquellos anaqueles rebosantes de conocimientos esperando a ser devorados por los sedientos de conocimientos. Todo ese hilo de pensamientos se vio interrumpido cuando los ojos azules de la dama se clavaron en los de Galafor, dejándole la sensación de que había cortado un momento de particular trascendencia casi mística entre aquella criatura y la que supuso finalmente era la encargada de todo aquel recinto. Desde luego la señorita pareció no sorprenderse o as´no lo expresó en ningún momento. Cuando el cuervo hubo levantado el vuelo hasta posarse en lo alto de una posición ventajosa para su vista ambarina

-Lo considero mensajero de muchos portentos y de muchas desgracias según el punto de vista que se tenga, mas debo de suponer que usted conoce sobre los cuervos en mayor medida de lo que yo pueda aportar con datos de grandes eruditos.-Dijo el caballero, mientras miraba alternativamente al cuervo y a la señorita, alerta por si el ave decidía moverse o incluso, de forma extraordinaria, atacar. Sin embargo no resultó así.- Me enseñaron que toda criatura ha de ser conocida antes de ser juzgada. He visto a las personas juzgar de forma poco educada sin haber conocido todo el concepto que rodea a otros seres distintos en procedencia, cultura e incluso color de piel.-Galafor se dio cuenta de que estaba hablando demasiado y de que la damisela se había acercado otro poco. 

El recorrido por la biblioteca fue de una brevedad inmerecida a los ojos de cualquier bibliófilo que deseara desentrañar los misterios encerrados entre las páginas de aquellos grandes y pequeños volúmenes. Las tres secciones le parecían fascinantes y parecía poder oler el aroma de los platos de tratados de cocina o quizás sentir el sentido pesar de los cantares de tristeza de alguna balada centenaria. Lo referente a conservar y a heredar la riqueza y el acervo le hicieron recordar una frase: "mirar hacia delante sin olvidar el pasado". Muchos grandes hombres seguro que habían pasado entre esos baluartes de sabiduría y habían dejado su aportación particular al enorme y poderoso acto del saber, del conocer los entresijos. 

No cupo en sí de maravilloso encanto al conocer de primera mano por aquella encantadora dama los secretos sobre la construcción de la biblioteca. Aquel lugar no estaba en el emplazamiento indicado. Deberían de haberla construido con un castillo a su alrededor y alrededor de ese castillo otro mas. No le pasó desapercibida la mirada a la pintura ni la lección implícita y tan claramente explicada. 

-Pero si esto es una maravilla.-Dijo mirando en todas direcciones, siguiendo la altura de las estanterías y las pinturas con los ojos. Hizo saber pues su opinión al respecto. En verdad lo maravillaba pues, como ya se dijo, nunca jamás había estado en un lugar parecido. En verdad y con toda la cruda realidad, nunca había salido de su pueblo. ya mismo en al ciudad todo le pareció grandioso. Hasta la mas humilde casa le parecía un palacio en comparación a donde él vivía, eso sí, de forma muy confortable con sus padres. 

Su nombre era realmente bonito, fluido como un río que discurre entre las rocas. Galafor se quitó la fluidez de al cabeza. habría gustado de poder hacer una reverencia mientras tomaba la mano de la dama y besársela pero lo cierto es que la confianza y toda la regia amabilidad así como comportamiento exquisito no daba pie a ello. 

De pronto se vio interrumpido en sus miradas a las pinturas ante la pregunta que menos esperaba. 

-Bueno...-Dijo Galafor algo cortado, se le veía incluso nervioso dado que los ojos azules de la señorita no dejaban pensar muy claramente a pesar de haberla conocido recientemente. En cierto aspecto Galafor era muy tímido aunque tenía esos momentos de iluminación como su tarjeta de visita.- No es mal lugar desde luego pero lo cierto es que uno no espera tener un cuervo presente en una biblioteca... hablar de ello sin duda sería todo un placer y mas con usted pero bajito, para no molestar. Con todo no creo poder aportar mucho a sus conocimientos. Soy un humilde caballero de pueblo... Galafor Belfort, caballero y erudito en proceso.-No se dio cuenta a tiempo de que hacía una reverencia bastante pronunciada y se envaró levemente sonrojado.-
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Alata Lacourt
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MensajeTema: Re: En compañía de la luz.    Vie Ago 15, 2014 2:38 pm

Mientras él hablaba me dediqué discretamente a observar su varonil rostro. Sin lugar a dudas se trataba de un hombre joven y apuesto de rasgos peculiarmente ajenos a los que poseen la mayoría de los hisperianos. Pero rasgos muy particulares. Si había algo que me encantara de estar en la biblioteca, era el hecho de poder conocer a personas y seres de otros lugares, observar sus expresiones al saber más o descubrir sobre temas que solamente pueden encontrar en esas páginas, sobre Hisperia y todo lo que hay en ella. Me quedé pensado en la posibilidad de haberlo podido incomodar con tanta emoción y premura por mostrarle el lugar. A veces me tomaba demasiado en serio mi papel de encargada, guía y amante de los libros. De hecho, a veces me tomaba demasiado en serio muchas cosas de mi vida y de ahí el que mis conocidos me reconocieran el trabajo pero también me aconsejaran el reposo.

-Es un placer Galafor Belfort –le sonreí y noté al parecer un poco de timidez en su persona, la verdad es que no quería incomodarlo de ninguna forma con alguna cosa mía. De esas pequeñas cosas que luego uno puede llegar a tener sin siquiera contar con conocimiento de ellas, pero que los demás pueden percibir notablemente.

-Tiene toda la razón, no es un lugar en el que deba haber cuervos. De hecho… -comencé a caminar hacia donde se supone aún debía encontrarse el susodicho. -…de hecho nunca había pasado, que yo supiera.

Y entonces descubrí que ya no se encontraba en lo alto del estante. Eso me preocupaba ya que podría atacar a algún visitante, niños y ancianos incluidos. Sin embargo me quedé más pensativa por otro hecho que por el cuervo que ya no estaba. Había algo más, presente momentos antes del recorrido, y ahora se hallaba solamente un espacio vacío. El libro no estaba donde lo había dejado. Me acerqué en silencio a la mesa donde antes yo leía. Nada. En definitiva no estaba ni ahí, ni en algún sitio cercano a la vista.

El lugar se había ensombrecido poco a poco, la luz del cielo se ocultaba ahora bajo espesas nubes que se encontraban justamente sobre este recinto de sabiduría. Pude escuchar la caída de las gotas de lluvia. Eran pocas pero sin duda firmes. Podría ser que empezara a llover violentamente o una sencilla llovizna que espanta a los que toma desprevenidos, para luego dar paso a la luz nuevamente. Dadas mis serias supersticiones sobre lo que en este preciso momento me está ocurriendo, optaba porque fuera una lluvia pasajera.

–Mmm… -expresé pensativa pero también incómodamente. No era posible que yo tuviera tan mala memoria como para olvidar qué hice con el libro por última vez. Además, no lo moví de lugar ya que el cuervo se puso justo sobre él. Y luego mostré la biblioteca a Galafor. Volteé la mirada al caballero y mostré la expresión más natural del mundo o al menos eso esperaba. –Disculpe ando un poco distraída, si gusta puede tomar asiento aquí, a esta hora y en este día no es común que haya mucha concurrencia, así que podrá disfrutar tranquilamente y sin necesidad de hablar bajito, pues no incomodaría ni al viento ni a la lluvia –le dediqué otra sonrisa.    

-Puedo ofrecerle un poco de agua si tiene sed y déjeme buscar el libro de los cuervos en caso de que tenga algún interés en saber lo mismo que yo ahora sé… o bien elija el tema que desee. En un momento regresaré con usted, caballero Galafor –acto seguido me retiré despacio, no sin antes mostrar expresión afable.


Dando la vuelta en el siguiente corredor, fui en busca de ese libro. Aunque sabía perfectamente bien que yo no lo devolví a su lugar. En efecto, el hueco estaba ahí, sin más. El espacio que había dejado su ausencia permanecía aparentemente intacto. Solamente para corroborar metí una mano en ese obscuro espacio para asegurarme. Toqué hasta el fondo. Nada, absolutamente nada salvo un poco de polvo. Un ligero grito salió de mis labios al sentir un picotazo repentino en mis dedos. Por acto reflejo saqué de inmediato la mano, revisándola un poco asustada ya que sentía ardor y me dolía. Una pequeña cortada en extensión pero lo suficientemente fuerte como para abrir la carne, nada de gravedad pero yo totalmente desconcertada retrocedí un paso. Observé expectante. Nada salió de ahí, ni ruido, ni materia… solamente un aire frío me recorrió la espalda.  


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Galafor Belfort
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MensajeTema: Re: En compañía de la luz.    Vie Ago 15, 2014 10:59 pm

El tiempo, de haber transcurrido en horas, le habrían parecido segundos al caballero que portaba al cinto una espada y en el corazón un ideal. hacía apenas unos momentos que conocía a la dama de nombre tan bonito pero ya tenía excelente sensaciones e impresiones con respecto a ella. Por no mencionar pequeños detalles como la sonrisa o su excelsa educación. Galafor se preguntó si sería pariente de alguna familia noble. Desde luego no se podía negar lo enérgica que era, la pasión que le invadía a la hora de destacar las bondades de aquel lugar que el noble caballero encantado asimilaría como un segundo hogar. 

Su propio nombre de los labios de la dama sonaba con cierto encanto que muchas veces podría suponer la pérdida de la razón hasta en el mas equilibrado de los hombres. Pero eso era un detalle que no debería ser tenido en cuenta. 

-Entonces sin duda que el primero día que yo me presente en este bello y sencillamente mágico lugar y justamente se le aparezca un cuervo que trae el cambio...- las palabras no le habían pasado desapercibidas al caballero momentos antes cuando la damisela hablaba mas para sí o para el cuervo que para otro interlocutor.-... es una maravillosa señal.-Dijo con una blanca sonrisa. Esas bromas dignas del mas fanfarrón de los hombres no eran su fuerte y por tanto no se atisbaba rastro alguno de engreimiento.-Es broma. Espero no haber ofendido- Puntualizó por si acaso con una sonrisa de disculpa.

El caballero la seguía de cerca pero sin legar a atosigarla pues respetaba el espacio de todos los seres vivos y de las personas. Era una de las pequeñas lecciones que había aprendido de su maestro. "El espacio que tu des es igual al espacio que te dan. Piensa que los metros que conservan los demás son los metros que conservas tú, mi joven señor" decía su maestro. Obviamente él no tenía nada de señor,era al forma de ser de ambos. Él lo llamaba maestro y él joven señor o futuro héroe o mil cosas mas. Se dio cuenta entonces de que el pájaro había desaparecido pero no hubo tiempo de decir nada pues de pronto les sorprendió la lluvia. 

En Lanz Bloc era algo bastante corriente que lloviera pues dependían de la lluvia para poder cosechar y criar a todos los animales que luego se comían. Los bosques necesitaban el agua para sustentar a los animales que cazaban. La lluvia siempre era bienvenida salvo que hiciera crecer el río y este se desbordara, entonces se llevaban a cabo algunos rituales que unas veces funcionaban y otras veces no, cosa que a su maestro le hacía sonreír por motivos que nunca le reveló a su pupilo.

Cuando la dama se retiró lo primero que hizo el caballero fue levantarse para repasar los libros uno por uno. Había de todo aunque convenientemente ordenado. ordenar los libros de una biblioteca era algo que desde luego no era fácil por pequeña y humilde que fuera la colección de libros en ella dispuesta. Eso bien lo sabía Galafor por haberlo leído en un libro de fantasía sobre un muchacho de pelo rojo que era un genio y en cierto punto se enfrentaba en un improvisado debate al tema de ordenar los libros. No tuvo tiempo de pensar mucho pues de pronto, en medio del silencio se escuchó el grito de la dama, bajo, pero grito a fin de cuentas. 

Al fin quizás una oportunidad de hacer su prima hazaña caballeresca. La cabeza de Galafor estaba llena de pájaros y una sincera preocupación y desconcierto y su mano derecha estaba llena con la forma del pomo de su espada. Al doblar la equina vio a la dama frente al hueco vacío que hablaba de la ausencia de una perla de sabiduría sobre quien sabe que tema. Se sostenía la mano y el caballero se aceró presuroso al ver el rojo de la sangre en aquella piel tan blanca y de aspecto tan puro. 

-Por el amor de todo lo bueno... ¿que ha ocurrido? -preguntó visiblemente preocupado, mirando a todos lados pues la expresión de la dama indicaba que no solamente fue un corte accidental. Nada había en el hueco donde faltaba un libro y eso desconcertó mas al caballero.
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